| Fecha en que se agregó: 12 January, 2012 04:35:19 PM Autor: GCO Telecom Categoría: Ciencia: Telecomunicaciones |
En línea con anteriores artículos publicados en este foro, con el que parece que todos nos hemos vuelto un poco locos, pues no hacemos más que cuestionarnos cosas que son obvias, puede que con este breve estudio vuelva a surgirles la duda de si estamos hablando en serio o no.
Y es que parece que ciertos clientes que acuden a consultorías como la presente a pedir asesoramiento ante la convocatoria de un concurso o asistencia para redactar la propuesta que han de presentar en el mismo, no saben o nadie les explica con claridad que la oferta técnica es suya, pues es el licitador el que se presenta al concurso con una propuesta con la que ha de ganarse el beneplácito de la Administración.
Es más, en ocasiones bajo argumentos enrevesados, insostenibles, parece que los consultores pretenden apropiarse de una propuesta que, reiteramos, es únicamente del licitador que se presenta a la competición con la intención de conseguir la anhelada licencia en juego –radiofónica o televisiva-. Pero el hecho de que la oferta sea del licitador, ello no hace desaparecer la figura del asesor, figura que se reputa imprescindible si bien jugando “un papel secundario”, ya que en su labor ha de supeditarse siempre a las instrucciones del cliente el cual viene con unas ideas más o menos predeterminadas que desea mantener –en caso de tener ya una emisora en antena- o impulsar, en caso contrario. Por tanto, el actor principal –protagonista y directivo- es el propio licitador.
Con la intervención de ambos se ha formar un equipo. Piénsese en el símil de una canoa formada por dos miembros. El trasero –nuestro cliente- que dirige e impulsa la oferta con las ideas que propone y que han de quedar, por tanto, plasmadas en la oferta y el delantero, -el asesor, o asesores pues pueden ser varios en función de las materias objeto de valoración-, los cuales dirigen –mediante su asesoramiento razonado- la oferta hacia uno u otro lado para conseguir el mejor resultado posible y estar en condiciones de pelear por la licencia. En este equipo los dos componentes son igual de imprescindibles debiendo tenerse en cuenta las ideas aportadas por ambas partes. Las del cliente, que lo normal es que tenga una emisora ya en funcionamiento con una programación, unos medios personales, técnicos o económicos ya conocidos y que van a constituir el “núcleo duro fundamental” de la propuesta.
Cualquier variación notable sobre estos aspectos incorporados en la oferta, aspectos que, reiteramos, ya son conocidos por la audiencia, llamarían la atención al órgano encargado de la valoración que minusvaloraría la puntuación. Teóricamente no debería tenerse en cuenta este factor debiendo de ceñirse a lo plasmado en la propuesta, pero es esencial que la propuesta sea creíble. Proponiendo algo radicalmente diferente a lo conocido nos lleva al efecto contrario al pretendido, que no es otro que una mala valoración por falta de credibilidad. Piénsese, por ejemplo, en una emisora monotemática, todos conocemos emisoras exclusivamente musicales o informativas. Si, de repente y alejándose de su espíritu o filosofía, se presenta una propuesta totalmente desconocida lo que la audiencia en general conoce, detalle al que los miembros de la comisión de valoración no se pueden sustraer, incidiría, por la razón expuesta, en una valoración eminentemente negativa.
De igual manera, en el supuesto de pretender lanzar una emisora la base sobre la cual se ha de empezar a confeccionar la oferta es la programación que el impulsor de ésta tiene en mente y los medios económicos, humanos y técnicos de que dispone o puede llegar a disponer Hasta aquí tenemos las ideas que nos aporta el cliente o licitador y con ellas ha de jugar el asesor para que, combinándolos con sus conocimientos consiga un ajuste máximo de los mismos a los criterios de valoración del pliego, en definitiva se encarga de “dar forma” a la oferta con la combinación de ambos elementos, los aportados por el licitador y los aportados por el consultor. Consultor que, en otras palabras, es el encargado de velar porque la propuesta guarde el debido equilibrio entre lo que desea ofertar el cliente y los criterios de valoración insertos en el pliego. No se puede sustraer a ninguno de los dos elementos, pues ambos son fundamentales. Por Fernando Magarzo |
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