| Fecha en que se agregó: 12 January, 2012 04:38:30 PM Autor: GCO Telecom Categoría: Ciencia: Telecomunicaciones |
Presentar una oferta alejada de lo que realmente propone el licitador o de los medios –económicos, humanos o técnicos- de que dispone o puede llegar a disponer es una especie de “suicidio”, pues lo plasmado “sobre el papel” en caso de conseguir la licencia–todas las licitadoras parten en igualdad de condiciones y todas pueden, en puridad, acceder a la licencia, pues en caso contrario no se presentarían- es vinculante y la Administración va a exigir su cumplimiento revocándose la licencia en caso de que no cumpla con la propuesta.
De ahí que haya que tener cuidado con una propuesta cargada de ideas grandiosas, aún muy cercanas a los criterios de valoración del pliego, y difíciles de conseguir pues con ello nos estaríamos jugando la revocación de la licencia que nos ha costado tanto conseguir por no poder cumplir con los términos de la propuesta. Y esto sería una auténtica lástima. Una vez se tienen todos los ingredientes –los aportados por el cliente matizados con las ideas técnicas del asesor- sólo falta “cocinarlos”, labor que, por lo general se suele encomendar, igualmente, a éste último, pues se supone que tiene amplia experiencia en la materia y eso, ya de por si, es una garantía.
Pero nada impide que, guiado por éste, sea el mismo cliente el que desee redactar la oferta y así lo haga finalmente. En caso de ser el asesor el encargado de esta labor, lo mínimo que se le puede exigir es que ponga especial empeño en redactar una propuesta, no sólo atractiva, sino con aspectos o rasgos que permitan conceptuarla como “diferente”, o “única”, “algo nunca visto hasta el momento”, lo cual no es una tarea nada fácil. Si la labor de éste se va a resumir a coger modelos preestablecidos y sencillamente a adaptarlos, en primer lugar no sólo estaremos perdiendo muchas posibilidades, sino que, hablando claramente, sería absurdo encomendárselo a este. Siendo así, esta tarea no requeriría particulares conocimientos y el mismo licitador podría hacerlo, pero no es esto lo que se pretende, más bien todo lo contrario.
Se busca que la oferta sea única e irrepetible. Una vez rematada la propuesta y lista para presentarse la misma es el licitador el que recupera su papel protagonista, vuelve a erigirse en “dueño y señor” sobre ésta y el que toma la decisión última sobre la misma y el asesor, aún en el caso de ser redactor de la misma, no puede negarse a entregar una copia de la propuesta definitiva, sencillamente porque la oferta es suya. La negativa a entregar una copia de la propuesta al cliente supone sencillamente apropiarse de algo que no le pertenece y un riesgo, en casos extremos, de que lo finalmente presentado no se ajusta a las ideas propuestas por aquél, sobre las que han de girar la oferta. Ningún argumento puede esgrimirse para defender la negativa a dicha entrega –esta postura es indefendible bajo ningún concepto-.
La misma no tiene amparo o cobijo en norma legal alguna, por mucho que se pretenda. Por ello, el asesor nunca va a poder justificar una negativa como la mencionada. El cliente, en definitiva, tiene derecho a ver y analizar la oferta que se va a presentar, tiene derecho a pedir todas las rectificaciones del mundo si está disconforme y tiene, aunque sea llamativo, derecho a separarse –con el riesgo que ello conlleva- de los consejos dados presentando una oferta propia si considera que la redactada no satisface sus exigencias. Recordemos que, en términos gráficos es “dueño y señor” sobre la misma.
Y, como complemento, el asesor está obligado a cumplir con el derecho que le asiste al cliente, sometiéndose a sus exigencias y requerimientos. Puede que, por error o descuido, al asesor se le olvide presentarle el original –si es el cliente el que la va a presentar- o una copia, en caso contrario. En caso de que así suceda no dude en exigírsela, “es suya” y tiene derecho a saber lo que se va a presentar es realmente la propuesta deseada –en caso contrario corre con el riesgo de que no se presente la propuesta deseada, y ese es un riesgo muy grande que el licitador, ante todo lo que hay en juego, no puede permitirse-. |
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